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Alexander Schwarzchild

Mensaje por Alexander Schwarzchild el Jue Sep 15, 2011 1:53 am

Alexander Schwarzchild



Datos básicos


Nombre Completo: Alexander Logan Schwarzchild Schwerter.
Fecha de Nacimiento: 25 de Octubre de 1993.
Edad: 17 años.
Raza: Humana.
Casa: Ravenclaw
Trabajo [En caso de ser Adulto]:
Mascota:


Descripciones


Descripción Física [Mínimo 3 lineas]:


Tiene una estatura normal para su edad (1,74 m), de cabello negro, no muy corto, con un flequillo hacia el lado derecho, y ojos grises, vivaces. Tiene una nariz pequeña, redonda, que le calza bastante bien con el resto de su cara, que es en conjunto muy dulce. De piel clara, casi lechosa. Siempre anda con una sonrisa jugueteando en sus labios, por lo que nunca se sabe a ciencia cierta si está realmente contento o simplemente está acostumbrado a portarla. Es bastante delgado, incluso para su estatura, aún así, su cuerpo presenta una musculatura algo marcada, gracias al Quidditch.

Descripción Psicológica [Mínimo 4 lineas]:


De talante alegre y despreocupado, vive cada día a su propio ritmo, no se deja engatusar por lo que quieren los demás, sino por lo que más le plazca en determinado momento. Por apariencia, y más aún, por su comportamiento, tiende a aparentar menos edad de la que realmente posee, es un niño en el cuerpo de un adolescente. Prefiere quedarse tocando la guitarra o gastando bromas a sus amigos que encerrarse entre 4 paredes y estudiar hasta que las pestañas se le quemen. Aún así, posee buenísimas notas. Educado bajo estrictas reglas de comportamiento, es un perfecto caballero con las mujeres, teniendo siempre el detalle de llamarles “señoritas”. No es capaz de resistir el llanto de una chica, es una de las cosas que más lo desarma. Es detallista, le gusta abrazar y que lo mimen haciéndole cariño en el pelo.

Sangre [Pura, Mestiza Muggle]


Pura.

Personalidad



Gustos: El chocolate, la vainilla, el café cargado y muy edulcorado, dormir bajo un árbol, tocar la guitarra –sea acústica o eléctrica-, y que lo mimen como a un niño pequeño.

Disgustos: La gente antipática, creída, o sublevada. Que toquen sus cosas sin su expreso permiso, o que cualquier desconocido haga abuso de su espacio personal.

Hobbies: Tocar la guitarra, dormir sobre los árboles, cantar y dibujar.

Manias: Se pasa las manos por el pelo cuando quiere decir algo y no puede, desordenándoselo y acomodándoselo una y otra vez hasta que las palabras salgan de su boca. Sonríe de medio lado cada vez que algo sale como lo planeó. Se balancea de un pie al otro cuando se concentra en algo, en especial, cuando lee de pie.

Boggart: El cuerpo de su madre destrozado por su propio padre.

Patronus [Si tiene]: Leopardo.

Datos personales



Historia:

Alexander Logan Schwarzchild Schwerter nació el 25 de Octubre de 1993, un frío día de otoño, en Berlín, Alemania. Hijo único de Adolf Schwarzchild, reconocido mortífago alemán y ex alumno de Durmstrang, y Angela Schwerter, bruja sangre pura de una familia de alta alcurnia, ex alumna de Beauxbatons. El matrimonio entre estos dos fue arreglado, ya que Adolf, aún cuando pocas personas lo sabían en su momento, era descendiente ilegítimo de Gellert Grindewald. Vale decir, tenía sangre de criminal corriéndole por las venas. Y, por supuesto, necesitaba engendrar un varón que siguiese los pasos de su ancestro, y, para ello, necesitaba de la sangre más pura que pudiese encontrar. Adolf hizo tratos con los padres de Angela, viejos conocidos de su familia, quienes, encantados, la ofrecieron a ella en matrimonio. Se casaron cuando Angela acababa de cumplir los 17 años. Adolf tenía 28.

La infancia de Alexander fue marcada por la estricta educación de su padre, quien le enseñó cómo comportarse ante la sociedad, lengua, literatura, música y artes. Su madre, aún bajo ese matrimonio forzoso, se encargó de que, por su parte, Alex recibiera todo el cariño y cuidado que podía ofrecerle. Sólo al lado de su madre, Alex podía ser un niño.

Hasta más o menos la edad de 10 años, Alex fue criado en su casa, sin contacto con otras personas, más que los tutores que su padre traía de vez en cuando a su hogar. Por esa edad, fue la primera vez que el chico pudo salir de los terrenos de su hogar, cuando su madre, harta de tener que vivir enclaustrada bajo el tiránico poderío de un hombre exigente, había decidido darse un respiro de su vida cotidiana. Tomó la mano del pequeño Alex y se dirigió a un parque cercano. Allí, el pequeño Alex tuvo su primer encuentro con niños de su edad, se permitió salirse de las ataduras de su estricta educación y disfrutó toda una tarde de juegos y diversión, bajo la atenta mirada de su madre. Lamentablemente, el día se acababa, y el niño tuvo que despedirse de sus recién formadas amistades y regresar a su casa, junto con Angela. Lo que no sabían ambos en ese minuto, es que Adolf había observado todo desde una distancia prudente, y les esperaba en su casa con una terrorífica sonrisa en los labios. Ni bien había puesto Angela un pie dentro de la casa, Adolf la tomó de los cabellos y la arrastró hasta el salón, bajo la aterrorizada mirada de Alex. La mujer gritaba y forcejeaba, pero su fuerza no era rival para el hombre.
-¡Perra!- gritó el hombre, mientras le cruzaba la cara de una cachetada, dejándole una fuerte marca en la mejilla izquierda. -¡Te lo he repetido hasta el cansancio, deja de mimar al chico! ¿Crees que lo crío para que se transforme en un marica?- la tomó nuevamente del pelo, acercando su rostro peligrosamente al de ella, quien no emitía palabra, y le miraba con ojos furiosos, tratando de transmitir una entereza que realmente no sentía. -¿Ahora te callas?- soltó Adolf con asco, y una risa cruel escapó de sus labios. –Volveré a repetirte, y, por tu bien, espero sea la última vez: No quiero que Alexander se junte con esa bazofia a la que llamas muggles. La próxima vez, no vivirás para contarlo. ¿Te quedó claro?- Angela lanzó una mirada a Alex, quien aún seguía de pie en la entrada del salón, con las rodillas temblorosas y los ojos aguados. El niño le sonrió, a pesar de todo, y la mujer volvió a dirigir su mirada hacia su marido, asintiendo.
-No volverá a pasar- murmuró en un tono bajísimo, pero con el silencio que reinaba en el lugar, Adolf lo escuchó perfectamente. Asintió, soltó a su mujer y se dirigió a la entrada del salón, parándose justo al lado de Alex. Le dirigió una dura mirada al niño, quien ya se había calmado y lo miraba con seguridad, y algo de enojo. Adolf pareció satisfecho de no ver signos más claros de debilidad, y se desapareció. Alex corrió hacia donde su madre, y la abrazó con fuerza, mientras la mujer dejaba caer unas cuantas lágrimas en las ropas del pequeño.
-Tranquila, mamá…- le susurró el niño, mientras le acariciaba el pelo, tal y como lo hacía ella con él. –Saldremos de aquí.- la mujer, enternecida, se soltó un poco del agarre y le sonrió.
-Hey, esa es mi línea…- le acarició suavemente la mejilla y musitó. –No te aseguro que pronto, pero… nos iremos de aquí-

Justamente, no fue pronto, ya que poco después, Alex empezó su educación mágica en Durmstrang, el mismo colegio al que había asistido su padre. Su estancia fue mayormente soportable, no hablaba con la gran mayoría de las personas allí, más que por miedo o timidez, era porque simplemente no simpatizaba con la gran devoción que sentían en ese lugar por las Artes Oscuras. Aún así, mantuvo un excelente promedio de notas. El único amigo que pudo hacerse, casi a base de costumbre, fue Markus Von Kaullen, un burlesco, pero curiosamente agradable vampiro. Se llevaban bastante bien, y era el contacto más cercano que tenía a una amistad.

En su 3er. año, se desató la guerra nuevamente entre mortífagos y el resto del mundo mágico, con Voldemort a la cabeza. Su padre fue uno de los llamados a las líneas de lucha, quien, orgulloso, corrió a obedecer las órdenes de su Señor. Angela aprovechó esta oportunidad para comenzar los preparativos y marcharse a Londres con Alex. Mientras tanto, la guerra se volvía cada vez más cruenta. Alex, quien se había comunicado por carta con su madre durante todo ese tiempo, recibió la última que le confirmaba su traspaso de Durmstrang a Hogwarts, la dirección del lugar en el que vivirían de allí en adelante, y una pequeña llave, la de su propia bóveda en Gringotts, recientemente abierta. Ya con todo listo, fue donde Markus, de quien se despidió rápidamente, casi sin explicarle su apuro. Le prometió que mantendrían el contacto, y se fue a su hogar, mediante Red Flu, en donde lo esperaba Angela, con las maletas listas. Justamente cuando iban a irse, Adolf hizo su aparición, en medio del salón. Movió la cabeza, como si estuviera negando, y habló, arrastrando cruelmente las palabras:
-Algo me lo decía… podrás llamarlo instinto. Pero simplemente sabía que intentarías irte y llevarte al chico. ¿Realmente crees que te dejaré partir, Angela?- se acercó a ella lentamente, mientras la mujer protegía con su cuerpo a Alexander.
-No te atrevas a acercarte un centímetro más, Adolf. Ya bastante tiempo me has quitado, y no consentiré que toques a Alex, y mucho menos que lo unas a las líneas de ese mestizo maniático- sacó su varita y apuntó a su marido. El hombre la miró, sorprendido, y se largó a reír, sin poder creérselo.
-¿Realmente crees que puedes escaparte de MÍ?- Adolf se puso en posición y Angela, notando el movimiento de su marido, empujó a Alex, en tanto el hombre pronunciaba -¡CRUCIO!- el cuerpo de la mujer se convulsionó al ser alcanzada por el maleficio, mientras Alex tomaba su varita y apuntaba a su progenitor.
-¡DIFFINDO!- gritó el chico, y la fuerza de su hechizo hizo retroceder al hombre, hiriéndolo mayormente en el torso y los brazos. Éste le miró, colérico, pero sin un ápice de dolor.
-¡De pronto te crecieron huevos! ¡HA!- se acercó al chico, en dos grandes zancadas, y, por primera vez en su vida, le mandó un puñetazo en pleno rostro, lo que lo dejó a medio marear. Volvió a arremeter contra Angela, quien aún yacía en el piso por el reciente maleficio, y miró con descaro a Alex. –Vamos… ¿no es tan preciada para ti?- sonrió con sorna, mientras le tiraba un Crucio tras otro, alternándolo con un Diffindo, lo que le destrozaba por partes el cuerpo. Angela ya no daba más, gritaba todo lo que le daban sus cuerdas vocales. Alex se espabiló con el último grito, y se tiró encima de su padre, dándole un rodillazo en un costado del cuerpo, para, al menos, alejarlo de su madre. El hombre trastabilló y dejó de torturar a Angela, pero se deshizo fácilmente de Alex y, dándole un nuevo golpe, le habló, fúrico. –No debiste hacer eso… que conste, lo que ocurrirá ahora es producto de tu desobediencia e intento de sublevación…- se giró hacia su mujer, y pronunció, deleitándose con cada sílaba pronunciada. –Adiós, querida… ¡Avada Kedavra!- un rayo verde salió de la varita del mayor, impactando en el cuerpo de la mujer, que tenía los ojos surcados en lágrimas. La visión del cuerpo de su madre, soltando su último hálito de vida, es una pesadilla que aún ahora recorre sus memorias. Adolf se giró, mirando ahora al adolescente, y cuando iba a levantar nuevamente la varita para ejecutar otro maleficio, un Avada Kedavra le alcanzó en medio del pecho, lo que lo hizo caer de rodillas y, posteriormente, en toda su extensión sobre el suelo del salón.
Alex realmente no recuerda mucho de lo que ocurrió después, más que el hecho de que unos hombres lo sacaron del lugar y se lo llevaron a una oficina. Allí, le indicaron que eran Aurores, y que llevaban tiempo buscando a su padre, ya que tenía un cargo de gran responsabilidad en las filas del Señor Tenebroso en ese país. Unos días después, enterró a Angela y se mudó a Londres, a vivir solo, en la casa que su madre había adquirido, el tiempo que no tiene clases. Allí, encontró una carta de su madre, que lee cada vez que se siente triste, y, de allí, saca la fortaleza para resistir cada día. Se prometió a sí mismo, y al recuerdo de su amada madre, que no volvería a dejarse someter por nadie, y que caminaría todos los días con una sonrisa.

Ingresó a Hogwarts para iniciar su 4to. Año, siendo escogido en la Casa de Ravenclaw. Se hizo de varias amistades, olvidando su carácter taciturno, siendo ahora casi la antítesis de lo que solía ser. Se reencontró con Markus, cuando éste ingresó a Hogwarts en el 6to. Año, pero no mantienen la cercana amistad que antes los unía. Especialmente, porque Alex falló al no contarle que se iría, las razones por ello, y por no mantener el contacto. Y, hasta el momento, insiste en no hablar de esa situación, por lo que ahora su relación es tensa.

Actualmente, en su 7mo. Año, es Prefecto, y juega como Cazador en el Equipo de Quidditch.

Otros:


-Generalmente se le puede encontrar sentado en las ramas altas de los árboles, le gusta mirar todo desde las alturas.
-Cae dormido en casi cualquier parte, donde lo pille el sueño.
-Hace abuso del espacio personal de las personas cuando se siente en confianza.
-No le gusta hablar de su vida antes de llegar a Hogwarts.
-En sus vacaciones, se dedica a aprender más del mundo muggle, con el que tiene mayor contacto desde su llegada a Londres.
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Alexander Schwarzchild

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Re: Alexander Schwarzchild

Mensaje por Emil Densen el Jue Sep 15, 2011 1:41 pm

Ficha aceptada. Ya puedes rolear~
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Emil Densen

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